Aquella noche pudo haber sido como cualquier otra, pude
retar a Morpheo en duelo, luchar contra la naturaleza homínida diurnesca y
hacer vigilia frente a la oscuridad superficial del profundo universo que se extiende
sobre mi sombrero, pero deje que aquel instinto antinatural que llevo en mi
sangre durmiera y carente a toda irracionalidad dormí, dormí como el primer
hombre sapiente de su propio sueño… durmió.
Debo, como debe el corazón latir en cada instante, contaros este
sueño pues si se obviase se perderían todas las razones por las que escribo
este traste. En aquel sueño todo parecía tan lucido que incluso por instantes pensé
que no estaba pensándolo, que no pensaba en una damisela frente a mis ojos… que
no pensaba en su sonrisa hecha de la delicadeza del roce de un copo de nieve,
no podría más perdido hallarse mi corazón en aquel instante que ni su nombre
transitó por mi cabeza preguntar al tenerla a ella por adelante mío pero cuando
empezó a girar para alejarse note en su brazo un carácter algo metálico y
mientras casi ya su espalda me saludaba pregunte intentando impedir que se
escapara
" ¿Está bien tu brazo? "
Todo su cuerpo se detuvo empezando a rotar hacia mí como un
velero llevado por la brisa y cuando finalmente
me vieron sus ojos me dijo, mientras acariciaba la metálica extremidad.
" ¿Esto? – Y alzo su brazo empuñando el codo con la extremidad carnosa –
No te preocupes – sonrió
mientras la escuchaba –
Esto me trajo a ti, y aunque parezca doloroso ahora soy
muy feliz. "
Enunciada esa última palabra supe en mí que me había enamorado
y enunciada esta última palabra supe que el sueño se estaba acabando, que
aquella realidad en la que ella vivía se esfumaba rápidamente, entonces sentí que
la gravedad ya no ejercía sobre mí, que mis pies ya no pisaban el mismo suelo
que los de ella, me sentía abducido por el éter y cuando mis ojos ya no podían ver
más su silueta en la lejanía de repente... desperté.
Desde entonces me propuse volver a encontrarme con ella pero
debido a lo efímero de su mundo decidí buscarla en el mío, en esta realidad de
cuatro dimensiones. Y por eso para acelerar el proceso opte por romperle los
brazos a cual doncella se cruzase por mis narices… quien sabe si así… algún día
la pueda volver a encontrar aunque sea solo una vez más.